Ni pinchamos ni cortamos, pero algún día empezaremos

Artículo publicado originalmente en El Común, con la amable autorización del medio y su autora.

Zuriñe Ojeda     


Los hombres tenéis que sentaros a pensar, y mucho. Preferiblemente de cara a la pared y hasta que os salga humo por las orejas. ¿Qué es lo que está mal, lo que está tan jodidamente podrido en vosotros, para que odiéis tanto a las mujeres? No a una en concreto, no, a todas en general. Sí, ya sabemos que aunque parezca que algunos nacieron de una piedra, tenéis madre, y hasta hermanas o hijas. Que tampoco se libran, porque también las maltratan, violan y asesinan sus padres y hermanos.

Pero somos las feministas las que tenemos fama de odiar, de odiar a los hombres. Las feministas, que jamás hemos violado, pegado ni asesinado a ningún hombre. Las feministas y las mujeres en general, que a pesar de ser las vilipendiadas, violadas, maltratadas y asesinadas, jamás hemos devuelto ni el maltrato ni el odio.

Los mismos que ahora se estarán dando golpes de pecho diciendo “no todos los hombres”, “yo no”, etc., esos mismos son los que les dicen a sus hermanas o hijas cuando salen de fiesta: no te vayas con cualquiera, no te separes de tus amigas, ten cuidado. ¿Y por qué se lo decís? Porque cualquiera puede ser un agresor, y porque no son cuatro, precisamente. Y lo sabéis. Pero seguís jugando al juego de intentar proteger a algunas mujeres que os importan mientras seguís defendiendo la fratría masculina, o incluso lo que vosotros mismos hicisteis de jóvenes o seguís haciendo. Y soplar y sorber no puede ser.

Ahora resulta que es una moda pincharnos con agujas, tengan estas drogas o no. Porque al parecer, o hay que intentar violarnos, o si no recordarnos quién manda, que estamos en vuestras manos y podéis hacer con nosotras lo que queráis. Qué poca cosa hay que ser para encontrar divertido agredir y asustar a mujeres. Qué inferiores y mierdas debéis de sentiros para encontrar diversión y consuelo en algo así. Qué rematadamente mal están educando la sociedad y sus padres a esos hombres. Y no uso la primera persona del plural porque no tengo hijos y porque formo parte de quienes intentamos revertir esa educación: las feministas. Sí, somos las feministas y es el feminismo la única esperanza para una sociedad llena de hombres que, en mayor o menor medida, siendo conscientes o no, odian a las mujeres. Porque odiarnos no es solo violarnos, maltratarnos o asesinarnos. Odiarnos también es que os joda que ganemos más, juzgarnos por nuestro físico, despreciarnos por tener una vida sexual, creer sistemáticamente que hombres que apenas conocéis son inocentes cuando una mujer les denuncia, pensar siempre que algo habremos hecho mal para ser agredidas…

Aunque no lo entendáis porque todo vuestro código se basa en la dominación y el miedo, el feminismo no intenta que el miedo cambie de bando. Intenta que no lo haya. Pero no somos mártires, y algún día nos hartaremos. Porque después de siglos (¡de siglos!) de intentarlo mediante la educación y la evidencia, nosotras seguimos teniendo miedo y vosotros seguís inventando nuevas formas de hacernos daño. Y si ese lenguaje es el único que entendéis, será el que tendremos que empezar a hablar. Deberíais empezar a temer la ira de las justas.

Zuriñe Ojeda

Texto original

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