Te quiero con el alma

Por aitana1967yo

                                             (Apuntes  Secretos)                                                       

Un día más.  No un nuevo día.  Ahora me permito mirar de nuevo el móvil. Nada. No hay mensajes nuevos en la bandeja de entrada. Actualizo “tuiter”. Él no “tuitea” nada desde el sábado a las nueve de la mañana.

Mi hijo me llama desde la cocina, intento contestar calmadamente. Apuro el cigarro. No, no tengo que ir; con dos simples aclaraciones encuentra los cereales que ha empezado a buscar en ese preciso instante. Dispongo de diez minutos para mí. Mi marido hace bien más de una hora que se marchó al trabajo. Trabajo, trabajo y más trabajo, prudencia, calcular cada paso, cada gesto, cada palabra.

 -Cariño, tú crees, me pongo la camisa azul o la verde.  Total, diga lo que diga acabas haciendo siempre lo que quieres. Pienso… si son todas iguales, normales tristes, sencillas, sin estridencias, adecuadas. Responsables y prudentes, ahorradoras y comedidas como tiene que ser. Como está escrito, como manda la tradición.

 Mi hijo nuevamente me reclama, no sé muy bien lo que quiere ahora. No, no le voy a escribir nada. Esperaré hasta que él dé “la cara”. Ya me he puesto  en ridículo varias veces. Él solo una vez desde que nos “conocemos”  me escribió sin que yo lo azuzara primero. Acabo el cigarrillo y voy al baño. Me lavo los dientes y me maquillo un poco los ojos y los labios. El niño nuevamente me llama. No encuentra la toalla de piscina.

-¡Mierda! Es viernes y no puse la lavadora ayer. Le grito que coja la de “Spiderman”. Pero no, esa no, que es muy infantil, gruñe mi pequeño de diez años.

Dejo el baño, ya enfadada y con el tono más amenazante que compongo le convenzo de que esa es la que hay hoy y no se habla más. Soy una blanda, supongo que tiene razón.  Me recojo el pelo en una coleta y dibujo una sonrisa ante el espejo. He tenido sonrisas más sinceras. – Sonrisas, sonrisas, sonrisas.

Necesito una que me cubra de los pies a la cabeza. Una de amantísima madre y abnegada esposa. Hoy será un buen día; me digo sin mucha convicción pero la sonrisa,  ahí queda. Postiza, pero da el pego. Guardo un secreto, soy mala y perversa. Soy una bruja lila, de las buenas… Bueno guardo muchos secretos como todo el mundo.

Voy tarde, los diez minutos con twitter me obligan a tomar sólo un café con leche que me revuelve el estómago. Me gustaría poder ser la primera en marchar. Como hace mi marido. Duerme menos, pero no tiene que ocuparse de nadie más que no sea él. –Un día de estos vas a tener un accidente grave, no se puede ir así por la vida. Resuena su voz en mi cabeza. Pues déjame vivir, responde una voz desde muy dentro. -Shhhh ahora no, por favor ahora cállate.

Mi crio, ya me está esperando con sus mochilas. Llegaré muy justa para poder tomar algo que me quite esta sensación de náusea,  que me viene y que me va. Cada día es más profunda e intensa y también dura más.  Mientras conduzco repaso una y otra vez  las citas de esa mañana. Vamos. Un no parar. Tres clientes nuevos y dos antiguos, con los que es más complicado ir al grano directamente. Hay que cuidarlos. Oigo a mi hijo que me explica algo de que quiere ir a ver una película. Suena música pop en la radio.  “Something Just Like This” de The Chainsmokers and Coldplay. Justo, esa… Bueno, me gusta, es una buena manera de empezar el día. Fue la primera canción que le envié por MD en tuiter. –Ahhhh, ese amor romántico no hace más que traerme problemas. Estuve leyendo libros viejos Las leyendas y los mitos Aquiles y su oro Hércules y sus dones El control del Hombre Araña Y Batman con sus puños Y, claramente, no me veo a mí en esa lista Ella dijo: ¿A dónde quieres ir? ¿Cuánto quieres arriesgar? No estoy buscando a alguien (que mentirosa que llego a ser) Con dones sobrehumanos Algún superhéroe Algún cuento de hadas feliz Solo algo en lo que pueda recurrir Alguien a quien pueda besar Quiero algo como esto quiero algo como esto Doo-doo-doo, doo-doo-doo Doo-doo-doo, doo-doo Doo-doo-doo, doo-doo-doo Oh, quiero algo como esto Quiero algo como esto Estuve leyendo libros viejos Las leyendas y los mitos Los testamentos dictaron La luna y su eclipse Y Superman desenrolla Un traje antes de levantarse Un traje antes de levantarse Ella dijo: ¿A dónde quieres ir? A Estambul, a vivir contigo todo el tiempo que estés tu viviendo allí. Si, lo dejo todo y… ¿Cuánto quieres arriesgar? Todo, me muero, me estoy muriendo. No estoy buscando a alguien. Con dones sobrehumanos Otra mentira, sí que busco, incesantemente, miro y remiro a mí alrededor, pero yo todavía no lo sé. Tuiter no es peligroso, puedo enamorarme y estás tan lejos y tan cerca. Es justo lo que necesito… Algún superhéroe Algún cuento de hadas feliz Solo algo en lo que pueda recurrir Alguien a quien pueda besar Quiero algo como esto Quiero algo como esto Quiero algo como esto Doo-doo-doo, doo-doo-doo Doo-doo-doo, doo-doo Doo-doo-doo, doo-doo-doo Oh, quiero algo como esto Doo-doo-doo, doo-doo-doo Doo-doo-doo, doo-doo Doo-doo-doo, doo-doo-doo

¿A dónde quieres ir? ¿Cuánto quieres arriesgar? No estoy buscando a alguien Con dones sobrehumanos Algún superhéroe Algún cuento de hadas feliz Solo algo en lo que pueda recurrir Quiero algo como esto Alguien a quien pueda besar Oh, quiero algo como esto Oh, quiero algo como esto Oh, quiero algo como esto.

 Me pongo a llorar como una magdalena mientras conduzco. Al final va a tener razón y me estamparé sin quererlo. Puff, sin querer o no….

Ya en la oficina, caigo, me he dejado las renovaciones de las pólizas.- ¡No! Cambiaré la agenda. Visitaré primero a los posibles clientes y después pasaré por casa, para comer algo rápido. Si,  además,  pudiera estirarme veinte minutitos, antes de salir de nuevo, el día ya se parecería algo a un día casi perfecto.

Mi hija, los martes,  no viene a comer a casa. Me dice que lo hace en algún bar cerca de la facultad. Tengo una buena vida me digo. La mejor de las posibles.  Bien que ella hoy no esté. Podré estar a mis anchas; fumar en la cocina sin que nadie se sienta molesto. Sin que nadie me recrimine, bueno solo la pequeña y molesta vocecilla, vivo con ella, que se le va a hacer, no se puede tener paz siempre.

Enciendo la tele, pero la acabo apagando. Más de lo mismo. Twitter también está inundado. Es una peste. Qué asco. No quiero, pero me afecta sobremanera esta crispación inútil y dañina. Decido, no leer más artículos. Él todavía no ha escrito nada. Resiste, no le envíes nada, me repito, una y otra vez. -No seas tonta, no seas ingenua… Pero he encontrado por casualidad unos bocetos preciosos, del decorado de“Blade Runner”,  al final sucumbo y acabo enviándolos. Desde el viernes pasado, no le escribo. Por descontado,  él tampoco da señales de vida. Forma parte de nuestra “relación”. Y me pregunta ¿Por qué me pone tanto? Será imbécil, -pues porque no te conozco, no me conoces y arriesgo tan poquito contigo. Shhhhh, otro pequeño secreto.

Preparo un sándwich de atún y un café. Ya no me da tiempo de estirarme un poco. Por suerte no tengo que pasar por la oficina. Es un alivio. Iré directamente a visitar a los antiguos clientes. No hay nada nuevo que ofrecer, pero haré como que sí. Hubiera sido una aceptable actriz. Pasión no me hubiera faltado. Creo que soy simpática, caigo bien en general a la gente. Mis “fans” son las mujeres un poco más mayores que yo. Cuando dispongo de tiempo, me gusta escucharlas. Son más libres que yo; aunque no creo que cambiara mi vida por la de ellas, o ¿a veces, si? Es cuestión de tiempo, supongo, saberlo. Pero que digo una magnífica actriz, mi vida es una tragicomedia, el género más difícil de interpretar, escribir y dirigir sino está bien pergeñada se convierte en una película patética. Allen es un genio, pero…que decepción con este hombre, dios mío. Otro pequeño secretillo, tengo otro amigo en Tuiter que es crítico de cine, otra de mis pasiones soterradas, por la responsabilidad, la exigencia, el matrimonio y la maternidad .Ahora voy al cine sola, veo lo que me da la gana, tomo notas en el  cine, a veces estoy sola en la sala, que gusto en todos los sentidos. Secreto, dentro de otro secreto, pienso en él, en el otro, me da vergüenza cuando llego a casa, pero en el cine, no, me sale natural, no lo controlo, menos mal que por la mañana hay poca gente o estoy totalmente sola en la sala, tapada con mi bufanda manta, a oscuras. Me voy a caer de la montaña rusa, lo sé. Estoy volviéndome loca, loca de atar como diría mi abuela. Esta “joia” niña…Ya llevo de baja un mes, pero en mi casa no lo sabe nadie. Sigo con mis rutinas.

Estudié Económicas. Una carrera con muchas salidas, en mi época. Hubiera deseado estudiar Periodismo, Veterinaria, Psicología, Geografía e Historia…..pero fui cobarde… No lo sé,  en aquel momento pensé, que debía ser práctica. Encontrar un buen trabajo y marchar del ambiente opresivo, contaminado, desangelado y frio de mi casa. Hubiera sido una buena maestra también, escuchar es lo mío, bueno y hablar ya ni te cuento…

 Me temo que me casé también para huir, pero no sé bien, de qué, o de quien. Probablemente de mi misma. Periodismo. Enviada especial a algún país muy lejano y diferente del propio. De mi “país” cada vez lo soy menos. Algún país de Asia, hubiera sido perfecto. No tengo un mal sueldo, pero ni de lejos mi trabajo y mi nomina se corresponden con mi formación. Supongo que Tuiter los cría y ellos se juntan, era así, no estoy muy segura.

Me he entretenido sobremanera con Mercè. La segunda de mis visitas. Está asustada por la situación. La póliza está renovada sin problemas. La oigo como me explica que sus amigas han abierto cuentas espejo en otros sitios de España; en la misma entidad donde tienen sus cuentas. La tranquilizo. Los depósitos están avalados por el Banco Central Europeo. No va a pasar nada. Ella no se fía. Perdió mucho dinero con las dichosas preferentes. Casi la mitad de la herencia de su marido Josep. Tiene setenta años. Alta, guapa y si no fuera porque tengo muchísima prisa la hubiera escuchado con gusto un poco más.

Sólo me queda, lo más duro. Un vendedor del mercado de mi barrio, un ser para darle de comer a parte. Que estómago hay que tener a veces. Algo positivo tenía que tener. La última visita es al lado de casa. Estoy de baja, pero debo hacer algunas visitas, porque todavía nadie ha cogido mi cartera de clientes…no voy casi a la oficina, pero me encargo de algunas visitas urgentes.

Vivo en Gracia desde que llegué a Barcelona. En un bloque de viviendas antiguo que construyó mi padre por los años 70. Somos “charnegos”. Pero nunca nadie se ha dirigido a mí con este apelativo tan horroroso. Mis padres, no hablan catalán. Yo y mis hijos somos catalanes. Siempre lo hemos sido. En mi familia, las lenguas las vivimos como una torre de Babel. La lengua familiar de mis niños es el catalán. Su padre y yo hablamos castellano, pero nos contaminamos unos a otros y constantemente alternamos una lengua y otra. Con sus abuelas hablan castellano y a menudo se dan situaciones muy divertidas. Frida, ¿quieres un chicle de medusa?; o cuando mi madre le compró a mi hijo  un cuento en euskera… Vino y me decía, mama no entiendo estas letras. Cuando se lo comenté a mi madre no sabía dónde meterse. Ella, ya notaba algo raro cuando lo compró en la tienda de chinos. Mi madre se llama Esperanza.

El edificio, está rehabilitado. Es un loft precioso, amplio y con mucha luz. Tiene un pequeño patio trasero que tanto en invierno, por las mañanas, como por las noches en verano, nos da la vida,  literalmente.

Él, es periodista. Trabaja como free-lance, pero vive en  Madrid. Guapo, alto; lo dice su perfil de twitter, no yo. Tenemos una relación “especial”, pero siempre le escribo yo.

Le importo, le alegro el día, hay más; debería estar súper satisfecha porque además soy una mujer cañón, esto me lo digo yo, le saco del tedio y le importo muchísimo. Quiere que esté bien, pues vaya deseo más peregrino porque puede pasarse, tres, cuatro, ya van cinco días sin decirme ahí te pudras. Pero tengo un amigo que se preocupa mucho de mí y me aprecia sinceramente. Soy muy afortunada con esta gran amistad.

Siempre, acabo dándole patadas a la misma piedra. Parece mentira, que siga con estas gilipolleces del amor romántico. Él tiene su vida, yo tengo la mía, bastante complicada por cierto. Yo no entro en sus planes. Al menos es sincero. Yo le echo de menos, pero él a mí no. No echa a nadie de menos. Le agradezco su sinceridad. No soporto las mentiras, la falsedad. Si me has de decir algo, me los dices, aunque me duela mucho, ya veré lo que hago después; pero no me engañes, al menos a conciencia. Me duele muchísimo más.

Tiene una “novieta” palabra fea, humillante y machista donde las haya. Cuando se lo digo me dice, que para nada, que soy muy susceptible y eso no le gusta nada; sino que es muy joven y lo ha dejado todo por él, pero no habíamos quedado que era muy joven, que habrá dejado si todavía no ha vivido para renunciar, para dejar, debe ser que yo ya no puedo ser nada objetiva, mis años ya no me dejan. Bueno eso era antes, ahora es una novia de la que no está enamorado, pero ella de él sí. Están medio enfadados,  según las últimas noticias de las que dispongo. Ella se queja de que para tener un novio así…  se separó, lo dejo todo por amor, otra gilipollas como yo,  donde estará el molde, que me lo cargo. Será mi contribución a la humanidad. Ja,ja,ja; nos quejamos de lo mismo. Yo para tener una” relación así”… Es mi talón de Aquiles…siempre esperando y dando lo que no se me pide. Y luego claro, me siento estafada, triste y usada. Para qué me pregunto, porqué soy tan idiotamente ingenua, tan cabezona zanjaría  mi madre.

Reconozco que cuando nos conocimos, todo era muy divertido, transgresor, brillante, efervescente, también angustiante. Pero es que creo firmemente que una cosa no puede ir sin la otra en la vida,  al menos en la mía no se pueden disociar. Esperaba sus mensajes privados con secreta avidez. A escondidas en mi casa, en el trabajo, con mis amigas. Mi familia lo notó. Coincidió con los días más angustiosos de mi crisis personal. Estaba dispuesta a dinamitarlo todo…mi vida, mi matrimonio, mi trabajo. Lo único que no quería hacer volar es la relación con mis hijos. Amo profundamente a mi niña y a mi niño, como nunca he amado a nadie. El amor por mi abuela era muy diferente, yo era la cuidada no la cuidadora, con el componente de sufrimiento que la responsabilidad conlleva. Ese amor incondicional de una madre por sus retoños, ja, otro cuento de los populares.

Sé que les he causado mucho sufrimiento, pero no podía ahorrárselo. Me he muerto por dentro, me he destrozado y he sufrido de veras. Era inevitable que mi dolor les tocara. Lo siento tanto, me prometía a mí misma que mis hijos si los tenía, me daba mucho miedo el compromiso, casarme y por supuesto traer seres a este mundo de mierda; no heredarían mis miserias, ni las conscientes ni las inconscientes. Misión imposible, en la Tierra nadie contesta. Estoy sola, terriblemente sola como desde niña sospeché pero no quería pensar, ni tan siquiera que pudiera cruzar de puntillas entre mi nariz y mis ojos. Desterré ese pensamiento como tantos otros, al fondo de la alacena, donde no estuviera a la vista, pero creo que ya no queda mucha cosa por coger y claro, cada vez son más presentes, más a la vista.

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