Los niños y niñas de una escuela pública de Kanoj, en Rajastán, ya disponen de los pupitres que ha financiado Digvijay Singh Rathore. Ahora queremos ampliar la colaboración con nuevas iniciativas dirigidas a la infancia, la educación y la prevención de las violencias contra las mujeres y las niñas.
De unos pupitres a un proyecto de igualdad: una colaboración solidaria que comienza en India
Publicado en Nueva Revolución 11/10/2026
Publicado en La Voz del Sur 12/10/2026
Los niños y niñas de una escuela pública de Kanoj, en Rajastán, ya disponen de los pupitres que ha financiado Digvijay Singh Rathore. Ahora queremos ampliar la colaboración con nuevas iniciativas dirigidas a la infancia, la educación y la prevención de las violencias contra las mujeres y las niñas.
Durante mi viaje a India conocí a Digvijay Singh Rathore y mantuve con él largas conversaciones sobre la educación, la situación de las mujeres y las niñas y las desigualdades que siguen condicionando sus vidas. No imaginaba entonces que aquellas conversaciones tendrían continuidad y que, meses después, darían lugar a un proyecto de colaboración solidaria que ya ha comenzado a materializarse.
Hace unos meses, Digvijay me contó que había visitado una escuela pública de su pueblo, Kanoj, en Rajastán, donde dos aulas nuevas carecían de mobiliario. Los niños y niñas tenían que estudiar sentados en el suelo. Aquella situación le llevó a preguntarse qué podía hacer para ayudar. Primero pensó en comprar esterillas, pero decidió que podía hacer algo más y se comprometió a financiar pupitres y bancos para el alumnado.
Hoy esa iniciativa ya es una realidad. Los muebles se han entregado y tengo imágenes de los niños y niñas sentados en ellos. Digvijay está muy contento con el resultado, y yo también, porque detrás de esas fotografías hay una decisión que ha pasado de la intención a los hechos. Alguien observó una necesidad en su propia comunidad y decidió implicarse para intentar resolverla.
La infancia necesita mucho más que un pupitre

No estamos hablando de una actuación que vaya a acabar con las desigualdades educativas de la región, ni de una donación que pueda sustituir las responsabilidades de las instituciones públicas. Estamos hablando de algo concreto: niños y niñas que ahora disponen de un lugar adecuado para sentarse mientras estudian. Y eso importa, especialmente cuando se trata de menores que viven en condiciones de precariedad y necesitan que se atiendan sus necesidades más básicas.
Digvijay quiere seguir ayudando a quienes más lo necesitan. Le preocupa especialmente la situación de muchos niños y niñas de su comunidad, que apenas tienen ropa y calzado. Por eso, se ha propuesto conseguir uniformes escolares y zapatos para quienes los necesitan, una iniciativa para la que me ha pedido colaboración y en la que estamos empezando a trabajar.
La educación es fundamental para ampliar las oportunidades de la infancia, pero esas oportunidades dependen también de las condiciones materiales en las que viven los menores. La falta de recursos puede convertirse en un obstáculo para acudir a la escuela y, en el caso de muchas niñas, se añaden las responsabilidades domésticas, las distintas formas de violencia y unas expectativas familiares y sociales que siguen limitando sus posibilidades de formación.
De la ayuda material a la educación en igualdad
Durante nuestras conversaciones en India hablamos precisamente de la importancia de la educación como herramienta para ampliar la autonomía de las niñas y de la necesidad de trabajar desde la infancia para construir relaciones más igualitarias. Ahora quiero que esa reflexión forme parte también de nuestra colaboración.
La ayuda material es necesaria, pero también lo es trabajar desde la infancia sobre las ideas y las costumbres que perpetúan la discriminación. Por eso quiero que estudiemos la posibilidad de organizar talleres en los que niños y niñas puedan aprender a reconocer las desigualdades, comprender la importancia del respeto y crecer con valores de igualdad. La prevención de la violencia contra las mujeres no puede comenzar únicamente cuando ya se ha producido; también exige actuar sobre las relaciones y los modelos de comportamiento que se aprenden desde edades tempranas.
La pobreza menstrual también afecta a la educación
También hablamos durante mi viaje de las dificultades que encuentran algunas niñas para permanecer en la escuela y de la pobreza menstrual. Digvijay me planteó la posibilidad de instalar una máquina dispensadora de productos menstruales para facilitar su acceso a las alumnas. Es una propuesta a estudiar, teniendo en cuenta las necesidades de la escuela y los recursos disponibles. La menstruación no debería convertirse en un obstáculo para la educación de ninguna niña, pero garantizarlo exige algo más que proporcionar compresas: hacen falta información, instalaciones adecuadas, agua, intimidad y educación menstrual.
Estas cuestiones conectan directamente con mi trabajo como activista e investigadora feminista y con Genocidio femenino, el libro que espero que vea pronto la luz y en el que analizo las violencias que afectan a mujeres y niñas en distintas partes del mundo. La investigación me ha permitido profundizar en las estructuras que limitan sus derechos, condicionan sus oportunidades y, en demasiados casos, ponen en riesgo su propia vida. Esta colaboración me permite llevar esa preocupación a otro terreno y contribuir a iniciativas concretas que mejoren las condiciones de vida de las niñas y las mujeres.
Una colaboración que empieza a tomar forma

Nuestra colaboración va a dar ahora un paso más a través de su nueva ONG, con la que trabajaré poniendo al servicio del proyecto la experiencia y el apoyo de AFRA Mujeres, la asociación que presido. Queremos estudiar qué actuaciones podemos desarrollar conjuntamente, comenzando por las necesidades de la infancia y prestando una atención especial a las niñas, la educación en igualdad y la prevención de las violencias contra las mujeres.
No tenemos un programa cerrado ni quiero presentar como realizadas iniciativas que todavía estamos preparando. Nuestro propósito es trabajar a partir de las necesidades reales de la comunidad, escuchar y conocer las posibilidades existentes antes de decidir cómo intervenir. Digvijay conoce su comunidad y las necesidades que existen en ella. Yo pondré a disposición del proyecto mi experiencia en el movimiento feminista y en el trabajo asociativo, además del apoyo de AFRA Mujeres, la asociación que presido, para estudiar qué iniciativas podemos desarrollar conjuntamente.
A lo largo de estos años he mantenido colaboraciones con mujeres y organizaciones que trabajan por estos derechos en diferentes lugares del mundo. Entre ellas ocupa un lugar importante mi relación con Rita Banerji, feminista e investigadora india y una de las voces destacadas en la denuncia del genocidio femenino en India. La colaboración que ahora comienza en Kanoj tiene una naturaleza distinta, vinculada directamente a una comunidad concreta, y se incorpora a una trayectoria de colaboración internacional que he ido construyendo durante años en defensa de los derechos de las mujeres y las niñas.
Las fotografías que me ha enviado Digvijay muestran a los niños y niñas utilizando sus nuevos pupitres. Para mí, tienen también un significado personal: son la prueba de que aquellas conversaciones mantenidas en India han tenido continuidad. Ahora tenemos que trabajar para concretar las nuevas propuestas, desde la búsqueda de uniformes y zapatos hasta los talleres educativos que queremos estudiar.
De las palabras a los hechos
Hay una frase que Digvijay me escribió y que no he olvidado: «No hay duda de que su rostro estaba siempre presente en mi mente cuando tomaba decisiones». Me emocionó saber que nuestras conversaciones sobre las mujeres y las niñas habían influido en su decisión de actuar. Pero esta iniciativa no se entiende sin la participación de su esposa, que también ha contribuido a impulsar esa preocupación y a convertirla en una voluntad compartida de ayudar a quienes más lo necesitan en su comunidad.
Desde España quiero acompañar este proceso, aportar mi experiencia y trabajar con Digvijay para que las propuestas que estamos planteando puedan concretarse. La colaboración con su ONG y el apoyo de AFRA Mujeres nos permitirán estudiar qué podemos hacer, con qué recursos contamos y cómo podemos llegar también a otras personas que necesiten ayuda.
Cuando conocí a Digvijay en Rajastán, ninguno de los dos imaginaba que aquellas conversaciones terminarían convirtiéndose en un proyecto compartido. Hoy los pupitres ya están en la escuela y los niños y niñas pueden utilizarlos. El siguiente paso será continuar trabajando para que tengan acceso a recursos básicos y para que la educación en igualdad forme parte de las oportunidades que les ofrecemos.
Digvijay suele preguntarme cuando hablamos: «¿Qué más puedo hacer?». Ahora intentaremos encontrar juntos las respuestas, partiendo de las necesidades que vayamos conociendo y de lo que podamos aportar desde nuestras respectivas experiencias. Empezamos en Kanoj con los niños y niñas de su escuela, pero nuestra intención es que la colaboración pueda llegar también a otras poblaciones. La entrega de los pupitres ha sido el primer paso; ahora tenemos que trabajar para que las nuevas propuestas se conviertan en realidad y podamos seguir ayudando a quienes más lo necesitan.
Catavinas Podcast #21 | Proyecto Kanoj en Rajastán – Entrevista a Digvijay Singh Rathore
Teresa Domínguez es escritora e investigadora, creadora de letraescarlata.org y directora de Catavinas Podcast y presidenta de AFRA Mujeres.
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