LAS INVISIBLES "Prohibido sentir"

“Las emociones no son un lujo sino un complejo recurso para la lucha por la existencia diaria”

Autorretrato como santa Catalina de Alejandría, de Artemisia Gentileschi (1615-17).
Autorretrato como santa Catalina de Alejandría, de Artemisia Gentileschi (1615-17). NATIONAL GALLERY

Mi primera intención era escribir sobre Artemisa Gentileschi , pero Peio H. Riaño se me ”adelantó” Escribe un maravilloso artículo sobre ella. Así, yo humildemente, de corazón lo digo, no puedo aportar nada más sobre esta genial pintora del Renacimiento italiano. Tan sólo que me fascina, me maravilla y mi admiración por ella como mujer y pintora valiente es muy grande. Pintó con pasión y emoción. No entraré a valorar su maravillosa obra porque no poseo conocimientos que me lo permitan. Enlazando, tejiendo mejor, la pasión con Artemisa, con aquello que hacemos con nuestra vida; sea lo que sea, que nos proporciona alimento, alegría y satisfacción, vivir de verdad. “Nunca se sabrá si Artemisia Gentileschi (1593-1654) se autorretrató como santa Catalina de Alejandría porque se identificaba con la mártir —que prefirió morir decapitada antes que casarse con el emperador Majencio— o sencillamente porque así se lo pidió la persona que le encargó el cuadro. De esta obra (Autorretrato como santa Catalina de Alejandría, 1615-17) que adquirió el pasado 16 de julio la National Gallery de Londres, apenas hay información, explica por teléfono Francesca Cappelletti, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Ferrara. «Es una enigma», asegura la experta. Siglos después, sigue intacta la tentación de ver una correlación entre el arte de la pintora italiana más influyente del siglo XVII, primera mujer de la historia en ser admitida en 1617 en la entonces inaccesible Academia de las Artes y del Diseño de Florencia, y los acontecimientos que marcaron su vida.” El último enigma de Artemisia Gentileschi. CARLA MASCIA Madrid 27 JUL 2018 EL PAIS

Interactuar, relacionarnos, vivir en definitiva, es la esencia de la humanidad, pero sigue formando formando parte de nuestro subconsciente más arraigado que mostrar las emociones entra dentro de los asuntos privados e íntimos. Seguramente, a la mayoría nos parece bien reír, mostrar alegría en público, satisfacción, orgullo…llorar si, pero de alegria. Demostrar inseguridad, pena, tristeza, melancolía, nostalgia, ira o enfado ya es otro asunto. Las mujeres hemos querido adoptar en muchos casos el patrón “masculino”. Artemisa Gentileschi pintaba con pasión como ya he dicho, expresando las emociones sin pudor. Fue ella misma a pesar de todo lo que le tocó vivir, su época y sus circunstancias personales. Eligió la vida, la pasión, las emociones, todas y cada una de las que podemos experimentar a lo largo y ancho de nuestra vida. Ella las vivia y las pintaba. Las emociones son vida, todas. Lo contrario es «la muerte en vida.” «En vez de ser virgen, esposa, religiosa o prostituta (los cuatro roles atribuidos a las mujeres de entonces), decidió ser artista. Como su pa

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Cleopatra, uno de los múltiples retratos

dre. Como aquel genio salvaje llamado Caravaggio, cuya pintura, según dicen sus

biógrafos, le volvía loca.” Al principio estuvo Artemisia. MIGUEL MORA París 20 MAR 2012.

Volverse loca de alegría, de satisfacción, de felicidad, de gozo es maravilloso, pero usamos la palabra loca, no es casualidad. Nada es casual. Me gusta la locura de Artemisa. Me gustan las mujeres locas que viven sus pasiones. Ser “fuertes”, valerosas con coraje es controlar y contener esas emociones que son nuestra gasolina diaria, que nos hacen vivir una vida plena, sentida. Recordamos las críticas feroces en muchísimos medios hacia Juana Rivas, llorona, teatrera, mentirosa, manipuladora. Te quitan a tus hijos, y has de mantenerte fría, equilibrada e impasible como si no fuera contigo. Eso es lo que se espera de una mujer y madre, disimulo y no, nunca expreses lo que sientes públicamente, aunque te estés muriendo por dentro. No llores…Qué nos estáis exigiendo, quienes sois, como os atrevéis a juzgar lo que sentimos, como somos por dentro, aquello que está bien expresar o no. ¿Con qué derecho? Si , claro, la racionalidad, el control y la prohibición de emocionarse son “sinónimos” de fuerza, valentía…Qué más? En cambio no hay nada más valiente que mostrar libremente tus emociones, igual que deberíamos expresar libremente lo que opinamos y pensamos las mujeres sobre todo. Las invisibles. Todas están para algo, no son adornos de la personalidad, nos guían y nos conforman como seres únicos. Reprimirlas y domesticarlas no conlleva bienestar, sumergirte, empaparte y trascenderlas si, es vital, es necesario. Lo contrario es encerrarlas y encerrarte en una jaula , donde nos acostumbramos a vivir, a malvivir en mi opinión, vamos muriendo cada día de manera más silenciosa e imperceptible.

La dualidad razón-pasión o pensamiento-sentimiento se ha filtrado en nuestro lenguaje, nuestros análisis de las cosas, nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos como seres humanos. Es una historia muy, muy antigua, terriblemente equivocada y, al mismo tiempo, enormemente sugerente y atractiva. Hipnòtica diria yo.

El culpable de esta equivocación tiene nombre: Aristóteles

Maldita dicotomía heredada entre la razón y el sentimiento, el corazón y la cabeza. Mandatos heredados generación tras generación aunque no se sustenten científicamente por ningun lado ya. Nuestras frases hechas, refranes y proverbios indican que siguen ahí, invisibles, en todas las culturas de un modo u otro. Mas bellas y sugerentes O menos, pero están; pensar con el corazón. Empezar la casa por el tejado. Ojos que no ven, corazón que no siente. Lo que hoy siente tu corazón, mañana lo entenderá tu cabeza. La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón? Proverbio chino. El corazón en paz ve una fiesta en todas las aldeas. Proverbio hindú El corazón es un niño: espera lo que desea. Proverbio ruso. De todas estas expresiones las que más me gusta es el proverbio chino. Arreglemos nuestro corazón, cuidemos y abonemos nuestras emociones, lo necesitamos.¿No son maravillosos los proverbios? Ilustran tanto como nos comportamos, sin darnos apenas cuenta de como lo que decimos O nos dicen conforma tanto como lo que hacemos. El proverbio hindú es también una maravilla, pero sin duda, me quedo con esta cita de mi adorado Antoine de Sant Exupéry “Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos.” Quienes me conocen bien saben por qué.

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Esta dicotomía, nos puede hacer mucho daño. Las emociones guían y construyen el pensamiento, nuestras acciones y personalidad. Sin emociones, no somos más que amebas en movimiento. No continuemos desligándolas, negándolas y menospreciándolas. Queda claro, no somos “corazón y mente”. Somos un todo perfecto y cambiante.

Me acuso la primera. Desde siempre he intentado nadar a contracorriente, controlarlas, domesticarlas y frenarlas.. Creía que dejarme llevar por ellas, fluir, sin juzgar y analizarme constantemente me traería muchos sinsabores que podía ahorrarme. Eran momentos vivos, brillantes y maravillosos pero también podían conducirme a callejones sin salida. A sufrir por culpa de escuchar a mis emociones. No eran ”de fiar”. Acabarían haciéndome sentir mal. Eso no está bien, que egoísta, solo piensas en ti misma, etc, etc LA EDUCACIÓN EMOCIONAL SIMPLEMENTE NO EXISTÍA, la verdad es que actualmente muchas veces es un parche en el currículo de nuestras niñas y niños. Está de moda, es “cool”…como la emprendeduría o ser influencers educativos.,( ayer en twitter). Se daba por hecho que tu familia y la escuela te proporcionaban modelos y kilos y kilos de conocimientos para emprender la aventura de tu vida. Así me encontré en la adolescencia, con una mochila llena de cosas, un batiburrillo que ya me habían de bastar para lanzarme a la jungla que yo veía. Así mi “educación” en este imprescindible aspecto de la personalidad dejaba mucho que desear, lo sé ahora, después de mucho tiempo. He hecho lo que buenamente he podido, ya no me quejo tanto. Soy como soy por lo que he vivido. Estoy contenta, soy muy afortunada. Cada día que pasa soy más consciente. He conseguido sobrevivir, es mucho, pero también a valorar mi vida, tal como es. A gozarla cada vez con menos complejos. Es lo único que poseemos, nada más. Si cultivamos nuestras emociones, la lucha es más fácil, las experiencias de todo tipo te enriquecen, miras alrededor con otros ojos. El paso por la vida, la tuya, se convierte en una experiencia vital de verdad, rica, apasionante en todos los sentidos. Aceptarlas, no sólo las que nos hacen vibrar, reír, brillar con luz propia, también las que nos hacen daño si no las elaboramos. El dolor, la pena, la tristeza, la melancolía, la nostalgia, el vacío, la soledad, las emociones que suscitan la muerte y la enfermedad, la pobreza, la injusticia, la impotencia. Aceptarlas, no conformarse, y sobre todo expresar lo que llevamos tan adentro a veces que de tanto taparlo no tenemos consciencia. Tomar las riendas de tu vida, sin más, entendiendo que los buenos y malos momentos forman un todo. No más mente y cuerpo. Busquemos a las invisibles si queremos ser mujeres plenas. Sino lo contrario a vivir una vida sentida y con sentido es “Prohibido sentir” “Las emociones no son un lujo sino un complejo recurso para la lucha por la existencia”Antonio R. Damaso constata las consecuencias de negar el sufrimiento. En nuestro inconsciente quedan las huellas de todas las emociones, recuerdos y necesidades (reprimidas, negadas o disociadas). Todo acaba saliendo a la superficie y de la gestión que hacemos de nuestras emociones depende que tengamos una vida u otra. No hay una verdad, el autor habla de que solo existe “nuestra verdad individual”. Como seres humanos que venimos al mundo en una época y contexto familiar y social determinado.

La vida son altos y bajos, lo contrario es no vivir, estar “muerta en vida”. Vivir, esa montaña rusa que sube y baja. Comienza lentamente y con natural curiosidad y anticipación. Al nacer somos intensamente vitales y emocionales, la educación nos va domesticando y adormeciendo, no potencia lo que ya traemos consigo. Nadie, prácticamente nos enseña a cuidar lo que ya poseemos. NO un proyecto de persona, ya los somos. Han de AYUDARNOS a confiar, a aprender de una vez por todas que emoción y razón son indisociables. Nacemos completas como personas, necesitamos, cuidado, buen abono, respeto y cariño para que nuestras raíces se asienten firmemente en la tierra, con luz y amor seremos arboles maravillosos que aguantaran vientos y lluvias y saldremos más fuertes y bellos de ellas.

 

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